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Del Corazon de Gwyn Oakes
Presidente del Ministerio de Damas

Las Oraciones Permanecen

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4)
Mis primeros recuerdos de la naturaleza de mi padre son las oraciones que oraba.  No puedo recordar ni una vez que no orara antes de que nos fuéramos a dormir.  El venía cansado del campo y hacia las fuertes tareas nocturnas, pero no importaba cuan cansado estaba, siempre se tomaba el tiempo para hablar del Señor.  Siempre comenzaba dándole a Él las gracias por el día y luego pedía continua gracia y misericordia para el futuro.  Lo que más me impresionaba era que el mencionaba mi nombre.  A veces sus oraciones eran intimidantes cuando el mencionaba aquellas cosas que podían disgustar a Dios. El oraba por sabiduría para ayudarme durante los años que yo estaba creciendo, y nunca dejó de pedirle a Dios que me usara y que yo fuera obediente a Su voz.  Cuando me mudé lejos, realmente extrañé escuchar las oraciones que mi padre oraba, pero yo sabía que sus oraciones me seguían.
Yo creo que las oraciones que mi padre oro han continuado bendiciéndome y animándome a pesar de que él se marchó hacen más de 20 años.  El me enseñó con el ejemplo, que Dios escucha cuando oramos, y que Sus promesas son tan reales hoy como siempre lo han sido.
Estoy agradecida que aprendí el poder de la oración en mis años de formación.  La relación de un creyente con el Señor puede ser bien unida.  Jesús es el centro de nuestras vidas.  Su Espíritu vive en nosotros.  Por lo tanto, todo lo que está disponible para El esta también disponible para aquellos que están en Cristo; todo poder, fortaleza, resistencia, así como cualquier cosa que se requiera para suplir nuestras necesidades físicas y emocionales.  Él nunca nos pide que hagamos algo para lo que Él no nos haya preparado.
Pablo confió en Dios permitiendo que Él determinara todo acerca de su vida, incluyendo hacia donde iría, lo que haría y donde moriría. (Léase Romanos 12:1) Cornelio es un excelente ejemplo del poder de la oración constante y el hecho de que Dios escucha y responde.  El mensajero de Dios le dijo a Cornelio, “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” (Hechos 10:4).  Él estuvo orando por un período de tiempo y esas oraciones que fueron previamente oradas fueron escuchadas y contestadas en el tiempo de Dios.
Podemos reclamar esta promesa: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”           (Mateo 21:22).

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